Carlos Barceló en el MIDAC
Una vez mas una exposicion (como todas las demas) significativa en modo particular para el arte contemporaneo y que, sin embargo, consigue alinear la Region Marche al resto del mundo.
Como es nuestra costumbre, iniciaremos estas cortas notas con una pequena digresion, en este caso sobre los conceptos de tradicion y cultura.
Es un hecho que un malentendido sentido de la identidad ha impulsado muchos a restringir el campo en el cual encontrar esta mas en el folk que en el arte.
A esto se debe sumar la sensacion que lo que es mas antiguo es mas tradicional.
Todo esto discurso es voluntariamente polemico con respecto a quien, en esta Region, ha proclamado si mismo custodio de las tradiciones antiguas locales, tambien si excelentes, pero sirve tambien para decir que la pintura de Carlos Barcelo puede ser incluida plenamente en la mejor tradicion cultural espaňola, no en el sentido del folklor si no mas bien en el sentido mas intellectual y refinado. acercando Carlos Barcelo a las corrientes artisticas del siglo pasado las que, mas alla de los acontecimientos politicos, han mantenido Espaňa en el lugar de excelencia en la cultura Europea que merece por derecho.
Si alguien quiere encontrar un “ancestro” de Carlos Barcelo podríamos citar sólo uno entre muchos: Miro, pero sólo para destacar la capacidad de este autor, entrar en la vasta corriente artística de su país.
Pasando a una breve reseña de las obras propuestas en esta exposición, la primera cosa que es evidente incluso para los profanos es la riqueza del color y la libertad con que las zonas de color se cruzan en el lienzo, a veces mezclandose entre ellas, a veces apoyándose mutuamente por similitud o contraste tonal, nunca contrastandose si no mas bien, al reves, enriqueciendo una la otra.
Esto lleva a una emoción inherente que se transmite de inmediato a aquellos que miran a la creación de una realidad visual eficaz e interactiva que sugiere una vida independiente de estas pinturas que se realizará exactamente en esta interactividad.
En otras palabras, en este caso, estamos al opuesto de un concepto de arte “abstracto”, incluso si no se reconocen las formas naturales de la realidad o, si se prefiere, no se identifican objetos particulares.
Con más atencion (pero poca de verdad) se pueden ver, juntas con el color, algunas formas de finas estructuras lineales, en su mayoría negras, pero fácilmente de otros colores, como el blanco, por ejemplo, que definen áreas particulares.
Estas líneas tienen una forma de ser, estudiada, que nos da la sensación de libertad total en la construcción de la sección, una libertad que recuerda, en este caso por la elección expresa del autor, el momento de su creación.
Esto viene del hecho de que, en su progreso, tanto en la seguridad como en la indecisión de la manera que sean hechas, llevan el sello de la caligrafía de la mano que las trazó.
Se establece, por tanto, una relación de segundo nivel con la obra de arte que lleva mas allá de las primeras sensaciones, hasta la personalidad misma del artista.
Desde estas áreas, parece casi que el color salga, vaciando las mismas, completando, asi, sin contradicción, la unidad estilística de la obra. Se puede notar que, en este caso, el negro no es negación de la luz, y mucho menos es negación del color, porque, el mismo, es concebido como color.
El campo de visión es profundamente homogéneo: profundidad (no se puede decir perspectiva, porque aqui no hay) y la luz son llevados directamente al alma del espectador apoyándose en su sensibilidad, si el, obviamente, el no es demasiado superficial o distraído.
Decimos esto porque la informalidad de estas obras de arte es sólo aparente, sea porque son realmente independientes y que viven en un sentidotanto porque las emociones, que pueden generar, son reales y pueden ser conectados a la herencia de los sentimientos individuales que conscientemente o, más a menudo inconscientemente, cada uno de nosotros lleva dentro de sí.
Belforte del Chienti, Septiembre 2011
Umberto Maria Milizia