Reflexiones sobre la exposicion “Hablar a travès de la mano” de Carlos Barceló
La creatividad del ser humano, cuando está libre de las restricciones impuestas por las circunstancias, que sean antropológicas, genéticas, históricas o sociales, realmente puede mezclar la sencillez y la excelencia.
La sencillez del artista que, a través de un camino lleno de los problemas que normalmente trae consigo cualquier crecimiento, ha llegado a la esencia de sus deseos y es capaz de expresarlos de forma natural.
La excelencia de la realización que, fructo de una acumulación constante y progresiva de las competencias adquiridas, hace el resultado final digno de atención y respeto para la limpieza del tracto y del conjunto.
Todo esto se percibe en las obras que Carlos Barceló ha presentado en esta exposición en el Midac con una linealidad que permite, sin filtros ni archetipos mental, de captar la profundidad de su pintura.
En su caso, la acción nunca se separa de una análisis profunda y sincera, con todo lo que esto puede llevar, de sus emociones.
También es evidente la capacidad de no vincular estas emociones a una trayectoria predeterminada, sin por eso caer en la improvisación o, peor aún en la casualidad.
No es por acaso que los titulos de sus obras se identifiquen con sus propias emociones.
Realmente es la mano que, en simbiosis con el corazón, entendido como receptor, y el cerebro, entendido como elaborador, se hace interpreta y actriz.
Y como cualquiera gran actriz no pierde la oportunidad de dar su propio toque a la interpretación.
El lienzo o el papel, o lo que sea el soporte, se dobla con dolzura para recibir las líneas y los colores, consciente de que lo que está sucediendo es un verdadero acto de amor.
Todo esto, y mucho más, se puede pensar tras la observación de las obras de Carlos Barceló, pero incluso esta convicción se ve reforzada por el conocimiento personal de un artista que, además de ser un artista de una forma sin duda alta, resulta ser un ser humano en el cual realmente simplicidad y excelencia se han fundido, a través de un camino de vida que es un placer oírle contar, si se consigue convencer Carlos a vencer su discreccion instintiva.
Percibimos claramente, al conocerlo, que todavía está en el “lleno” de su camino expresivo, que es consciente de esto y que no escapa a lo ignoto, aceptando sus retos cada día en el deseo de darle una forma perceptible.
Belforte del Chienti, octubre 2011
Alfonso Caputo